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Honda: 60 años en la élite de la competición del motor

Hace un par de semanas vimos reunidos en el Honda Collection Hall de Motegi a algunos de los grandes pilotos de Honda, actuales e históricos. Los miembros del actual equipo Repsol Honda, Marc Márquez y Jorge Lorenzo, conversaron con algunas de las leyendas del ciclomotor como Kunimitsu Takahashi, Jim Redman o Freddie Spencer. Y es que la ocasión no era para menos: Honda Racing celebra en 2019 su 60 aniversario con múltiples eventos. Los acompañaron los rugidos de dos míticos portentos: la Honda 4RC146 y la Honda CB750F Racer.

Han pasado seis décadas desde que Honda diera el salto a las grandes competiciones con aquella histórica carrera de Naomi Tanoguchi en la Isla de Man en 1959, la primera que vio competir a un fabricante japonés. Pero, ¿cómo comenzó este sueño de velocidad y podios?

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De cabeza a por el sueño

Cuentan que en 1954, el fundador de la compañía, Soichiro Honda, luchó la entrada de la marca en la alta competición para alcanzar su sueño de convertirse en el mejor fabricante de motocicletas del mundo. “Anuncio mi determinación, y doy mi palabra que pondré todo mi corazón y toda mi alma, aplicando toda mi creatividad y habilidades, en vencer en el Tourist Trophy de la Isla de Man», escribió sin remilgos en una carta a sus empleados. En aquel momento, el Tourist Trophy era la competición de mayor prestigio internacional.

Visto desde hoy, parece evidente que los estándares del deporte impulsaron el desarrollo de Honda, aunque también se podría argumentar que fue precisamente esta ambición, este arrojo ante los retos, lo que asentó las bases del éxito y convirtió a aquél pequeño fabricante de motocicletas en una gran multinacional.

Sobre dos ruedas

Cinco años después de aquella prometedora carta de Soichiro Honda a sus empleados, Honda compitió por primera vez en el TT de la Isla de Man. Corría el año 1959, Elvis Presley era el rey de la pista de baile y en las salas de cine se proyectaba Ben-Hur. El modesto equipo de Honda, a lomos de la revolucionaria Honda RC142  y equipado con grandes sueños, se convirtió en el primer equipo japonés de la historia en la prueba.

Los cinco pilotos de Honda realizaron una gran carrera, cruzando la meta en sexta, séptima, octava y décima posición en su categoría. El equipo consiguió el título de constructores y su primer punto de campeonato. El objetivo estaba cumplido: Honda había enviado al mundo un mensaje bien claro sobre su potencial tecnológico, erigiéndose como un durísimo rival para todos sus competidores. Tanto es así que dos años más tarde, en 1961, Honda lograría sus dos primeros títulos mundiales en las categorías de 125cc y 250cc.

Desde entonces, Honda lleva inscrito el espíritu competitivo en su ADN, y hoy puede presumir de ser la marca de motociclismo más laureada de todos los tiempos.

Fórmula 1: un nuevo sueño

Honda aún era el fabricante de automóviles más joven de Japón cuando se convirtió en la primera marca nipona en aventurarse en la Fórmula 1. Tras dos años de peripecias para desarrollar el mítico modelo, el equipo por fin debutó con el RA271 en el GP de Alemania de 1964 en Nürburgring, el circuito más difícil del calendario. Pintado de color marfil con un gran punto rojo símbolo del sol en la bandera nacional de Japón, el monoplaza pasó a la historia de la automoción.

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La primera victoria no tardó en llegar. Era la última carrera de la temporada 1965: el Grand Prix de México. Tan sólo tres años después de presentar su primer monoplaza, y en la que era la duodécima carrera en F1 de Honda, el mítico piloto norteamericano Richie Ginther cruzó como un rayo la línea de meta al volante del Honda RA272. Fue un momento histórico: por primera vez un fabricante japonés ganaba un Gran Premio de Fórmula 1. Dicen que, de vuelta en la sede de Honda, Yoshio Nakamura, el manager del equipo de F1 en aquel momento, pronunció las palabras de Julio César, “Veni Vidi Vici”: Llegué, vi, vencí.

Pero no todo es vencer. Han pasado 55 años desde que Honda diera el salto a la F1. En el camino la marca ha recogido no pocas victorias, pero no ha sido fácil: la competición es una aventura repleta de altibajos, obstáculos y lecciones. La principal: lo más importante siempre es persistir. Seguir insistiendo. Seguir creyendo. Seguir creciendo.

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